Cuidarme para cuidar

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María Mercedes Echeverri

Septiembre 1, 2020

Hemos venido señalando que en primer lugar está el cuidado y la atención de los niños y las niñas. Pero, nos hemos preguntado como adultos ¿qué tanto nos cuidamos? Para realizar un acompañamiento tranquilo debemos tener en cuenta que:

· No hay familia única ni perfecta, ni cuidador perfecto, ni profesional o educador perfecto. En el desempeño de cada rol tratamos de dar lo mejor, con retos permanentes que implican tomar una pausa y revisar cómo nos sentimos para asumir los nuevos cambios sin lastimarnos.

· Es válido sentir incertidumbre y tristeza por las pérdidas que nos plantea el momento que vivimos, no obstante tener la fortaleza para afrontar las dificultades.

· Si nos sentimos agotados e irritables hay que tomar distancia antes de perder la calma, gritar o expresarnos con palabras, gestos o acciones hostiles. Los niños y las niñas perciben nuestras tensiones y preocupaciones, conversemos amorosamente con ellos.

· El afecto y el cariño los protege. Si somos pacientes y nos comunicamos adecuadamente, ellos entenderán que las dificultades se pueden resolver de una manera tranquila.

· Es fundamental mantener la comunicación con nuestras redes de apoyo. Estar en contacto con los seres queridos y pedir asesoría y ayuda, en caso de necesitarla.

· Si como adultos nos sentimos mal emocionalmente y percibimos que no podemos acompañar adecuadamente al niño o a la niña, pidamos ayuda a un familiar cercano que los
acompañe mientras nos recuperamos.

· Identificar las situaciones favorables, lo bueno que ha pasado sin anticipar pensamientos o ideas de lo que aún no ha acontecido. Si nos sentimos superados por situaciones difíciles busquemos ayuda profesional a tiempo.

· Debemos reconocer o identificar las situaciones que están bajo nuestro control o responsabilidad. Por ejemplo, que otros no se cuiden, no está bajo nuestro control. Pero sí está bajo nuestro control cuidar de nosotros mismos como adultos. Esto nos ayudará a acompañar de una manera tranquila y afectuosa a nuestra familia y a los niños.

· Es necesario dedicar tiempo a nosotros mismos, establecer rutinas que nos generen disfrute. Por ejemplo actividades de relajación, deporte, descansar, leer un libro o ver una película. Jugar con los niños y las niñas, realizar actividades artísticas, escuchar historias, escuchar música.

Entre las estrategias de autocuidado también está la de identificar las emociones y poder expresarlas para mejorar y aprender de ellas. Aceptar que podemos enfrentar situaciones difíciles. Atendernos y comprometernos con nosotros mismos se verá reflejado en quienes nos rodean.

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María Mercedes Echeverri

Jirebra Pedagoga, Autora y Especialista en Familia

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